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  • Ameis Lectores A.C.

Tensiones y decisiones le pegan al crecimiento en México

Actualizado: 4 jul 2019



Las cosas para la economía mexicana no han pintado bien con perspectivas a la baja y poco crecimiento. La realidad es que en general se vino un debilitamiento de la expansión mundial en el 2018 y eso ha echado a la baja los crecimientos de varios países para este 2019, por lo que nuestro país era difícil fuera la excepción.


Sin embargo, otros factores han contribuido a mantener esa tendencia, las tensiones con Estados Unidos y la entrada del nuevo gobierno y sus decisiones es lo que ha impactado en las previsiones futuras, esto de acuerdo con el Informe de Perspectivas de la Economía Mundial del Fondo Monetario Internacional.


Aquí señala que en América Latina se proyecta que el crecimiento repunte en los próximos dos años, a 1.4% en 2019 y 2.4% en 2020, mientras, en México ahora se proyecta que el crecimiento se mantenga por debajo de 2% en 2019–20, una revisión a la baja cercana un punto porcentual en ambos años en relación con lo señalado en octubre pasado.


Entre las economías emergentes y en desarrollo, el promedio para este 2019 es 4.4 y para el el próximo año es de 4.8, Brasil, por ejemplo, que tuvo un 1.1 por ciento el año anterior, se estima alcanzará el 2.1 este 2019 y 2.5 por ciento de crecimiento en 2020, todos son, superiores a nuestro país.


Esos cambios reflejan en parte variaciones en las percepciones sobre la dirección de las políticas en el nuevo gobierno mexicano. El sentimiento de los mercados se deterioró y los diferenciales soberanos subieron cuando el gobierno entrante canceló la construcción del aeropuerto planificado para la capital y dio marcha atrás con las reformas energéticas y educativas, refiere el análisis.


En América Latina, se proyecta que el crecimiento aumente de 2.4% en 2020 a 2.8% a mediano plazo, y en México se mantendría estable, aunque moderado, en un rango de 2¼%–2¾%, ya que las perspectivas se ven afectadas por las rigideces estructurales, la moderación de los términos de intercambio y los desequilibrios fiscales.


Las últimas proyecciones de crecimiento indicaban para nuestro país el año pasado un 2%, pero para el resto del 2019 sería de 1.6, con posibilidad de crecer a 1.9 durante el 2020.

Se señala que el comercio, la inversión y el producto siguen sometidos a la amenaza de las actuales tensiones comerciales. Una de estas fue la firma, el 30 de noviembre de 2018, del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) para reemplazar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y la espera de los procesos de ratificación de dicho acuerdo.


Aquí preocupa se siga considerando una propuesta para elevar los aranceles, sobre todos los automóviles y repuestos importados. De no resolverse estas diferencias, advierte el FMI, y de producirse como consecuencia un aumento de las barreras arancelarias que vaya más allá de lo contemplado en el pronóstico, el resultado serían aumentos de los costos de los bienes intermedios y de capital importados y precios finales más altos para los consumidores. Aparte de estas repercusiones directas, el aumento de la incertidumbre acerca de la política comercial y las preocupaciones por un agravamiento de las disputas y las medidas de represalia reducirían la inversión empresarial, perturbarían las cadenas de abastecimiento y frenarían el crecimiento de la productividad. Las consiguientes perspectivas menos favorables para la rentabilidad de las empresas podrían hacer mella en la actitud del mercado y frenar aun más el crecimiento.


El informe menciona que en México, donde los diferenciales soberanos han aumentado considerablemente desde octubre, es esencial evitar demoras de las reformas estructurales necesarias, que de producirse generarían una mayor incertidumbre que perjudicaría la inversión privada y el aumento del empleo. Proseguir con el plan de consolidación fiscal a mediano plazo (y tal vez procurar una reducción aún mayor del déficit) estabilizaría la deuda pública, mejoraría la confianza y crearía espacio para responder a shocks y atender las necesidades de gasto relacionado con el envejecimiento de la población.


Siempre que la inflación permanezca moderada y las expectativas bien ancladas, la política monetaria puede seguir siendo acomodaticia, con un margen para recortar las tasas si fuera necesario.




Fuente: https://bit.ly/2uX3tVU

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